jueves, 23 de febrero de 2012

OPINIÓN

SOBRE PULSIONES Y CABALLOS


Pensemos por un instante en un caballo. Ab ovo, un ser humano racional sin ningún tipo de perturbación sexual no se siente atraído por tal corcel. Esta parafilia consistente en la atracción de un humano hacia otro animal distinto se llama zoofilia. Actualmente está muy mal vista en la sociedad; aun así, en países como Japón está considerada legal. Pero pensemos de nuevo en el caballo. Ese animal. ¿No somos nosotros también animales? ¿No deberíamos poder sentirnos atraídos por ese ser?

Evidentemente no estoy haciendo apología de la zoofilia, ni me posiciono a favor de esta indigna, denigrante y pútrida pseudopráctica sexual. Lo que vengo a decir es que el homo sigue siendo animal, por mucha palabrería que escupa de sus fauces. No se puede negar el instinto primario animal del hombre. Nuestra apariencia cuasi simiesca nos delata, revela la rama del árbol del que procedemos, cubierto por una hiedra llamada lenguaje. Esa espinosa facultad que nos distingue de los demás animales, que tan pronto hiere como cura. Palabras que se pierden, y nos hacen cavilar sobre si un can pudiera aprovecharlas mejor que nosotros. Ladridos que dejan en evidencia muchos discursos. Una simple onomatopeya que nos rebaja hasta el fangoso suelo, mordiendo el polvo, besando la lona.

Porque somos animales, porque el mayor poder que se nos ha otorgado no nos redime. En la naturaleza no hay ningún ser perfecto. Aquellos narcisos que creen ser superiores, ególatras que piensan que el reflejo del agua es su mejor aliado, acaban trocándose en lo que verdaderamente son, una simple flor, una planta. Todos estamos hechos de la misma pasta, pero con diferente molde. El hombre habla, el perro ladra. Uno es cobarde, el otro valiente y leal. Ninguno es perfecto, la perfección reside en la naturaleza per se, y esta es inalcanzable. El hombre es un lobo para el hombre, como dijo Hobbes,

Con esta aparentemente caótica algarabía de esputos irracionales, lo que en verdad quiero decir es que el ser humano está sobrevalorado. Por mucho que se ensalcen las magníficas cualidades que poseemos, somos al fin y al cabo, un animal más evolucionado, pero no mejor. Ahora bien, pensemos por última vez en el caballo.
¿Cuál es la diferencia?

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