lunes, 12 de enero de 2015

FLEXIONES CEREBRALES Y FRUNCIONES DE CEÑO PARTE III: LA PRETENSIÓN (PRETENDERS)

Comenzamos la semana y seguimos sin haber visto Ocho Apellidos Vascos, así que todos los parámetros se encuentran en su sitio. Si por el contrario vosotros ya os habéis contaminado el cerebro con semejante corrosión visual, servimos en bandeja la solución en forma de texto ameno y rico, no como el guión de ese sainete escrito y dirigido por los habitantes de Villa Cliché. Agarren un old-fashioned con (introducir aquí la bebida preferida) y hielo y a gosar. 

Pretenders

El cómic de Marvel X-Men nos presenta una realidad alternativa en la que el siguiente paso en la evolución del Homo Sapiens Sapiens lo llevan a cabo una parte de la población humana conocida como mutantes. Estos mutantes tienen un gen llamado X que les hace estar por encima del resto de mortales y además,  dotados de unas capacidades y poderes especiales sobrehumanos muy diversos. El problema que narran las historietas es la guerra entre los mutantes que quieren integrarse en la sociedad digamos normal, y los que buscan todo lo contrario, imponerse a los humanos del escalón anterior. 

En principio es una buena idea, bastante improbable en segunda instancia, que haya gente con esqueletos más duros que un cojón de mamut o poderes telekinéticos, pero la moraleja o trasfondo de la historia se acerca más a una crítica a la discriminación racial, las desigualdades sociales, etc. plasmadas en este caso en mutantes en un mundo fantástico. Por lo tanto, podemos descartar que el vecino que cada vez que nos vea nos recuerde lo bien que está funcionando el crecimiento y la pubertad en nuestro cuerpo, sea un superhombre con el magnífico don de dar la barrila. O ese magnífico poder que tienen algunas personas de beber Coca Cola mezclada con agua. 
No sé sí Lobeznos o no, pero estos últimos años he ido descubriendo una nueva especie humana, que a simple vista es igual que nosotros salvo por una mínima y a veces imperceptible diferencia. Un nuevo capítulo en la evolución al que podríamos llamar común e intermitente, pues queramos o no, todos lo hemos sido alguna vez. Me refiero a los pretenders (suena mejor en inglés). Uno se convierte en pretender cuando sus acciones y palabras no se adecuan al estado de embriaguez en el que se encuentra. Es decir, cuando se finge estar más borracho de lo que se está. Cuando te has bebido tres cervezas y parece que has arrasado una destilería. Cuando te tomas un chupito y eres el rey de la pista. Cuando vomitas sin apenas haber bebido y te preguntas "¿le han echado algo en la copa o ha entrado al baño con Kate Moss?". 

El principal poder de los pretenders es muy meritorio. Son capaces de poner de acuerdo a muchas personas que difícilmente lo estarían en otra situación: crean un odio general, una insoportabilidad digna de una buena ostia. Si una persona borracha tiene muchas papeletas para ser pesado, un pretender lo supera, básicamente porque no está pedo. Y peor aún, porque es consciente de ello. Un pretender puede llegar a arruinarte una noche con sus interminables comentarios ininteligibles, sus abrazos, sus cuelgues a tu chepa y sus gorroneos de lo que estás bebiendo. Otro de sus innumerables superpoderes es el de conseguir todo lo que se plantean. El hecho de que estén borrachos y no lo estén a la vez, en una especie de gato de Schrödinger etílico, les da un plus de suerte, (des)equilibrio y escaramuza a la muerte y al peligro que una persona ebria o sobria por separado nunca lograría. Con esto quiero decir que siempre acaban bebiendo más que el resto gastándose menos dinero, que si su víctima no es muy avispada puede llegar a ser acompañado a casa, que puede tener más facilidad a la hora de ligar y si al día siguiente sus amigos/as le recuerdan lo "guapo/a" que era el/la afortunado/da puede alegar estado de embriaguez, o que si te quieren seguir dando la tabarra a las 7 de la mañana cuando te caes redondo y les cierras la puerta en la cara son capaces de poner el pie en el momento y el sitio exacto para que no se cierre y entrar en plan peli de miedo al puro estilo Jack Torrance. 

De este modo supongo que, con estos ejemplos como con otros muchos, se puede reconocer a estos mutantes del alcohol. Y se podrá también reconocer a muchos de nuestros amigos en incontables ocasiones. Pero no acordarse en el sentido de "he pensado mucho en ti" sino en "he pensado mucho en matarte". Mas todo plátano tiene sus manchas negras en la peladura y nosotros mismos alguna vez hemos protagonizado esa película. Quizá no nos acordemos o no queramos acordarnos, quizá un colega no te contesta los Whatsapps porque anoche le tiraste dos vasos encima de su camisa nueva de Hollister y no sepas por qué. Todos cometemos errores y todos queremos negar su autoría. Todos hemos pretendido en nuestra vida de jóvenes (o mayores) alcohólicos. Y si todavía no lo hemos hecho, tranquilos. En las pelis de X-Men había mucha gente que desconocía sus poderes aún siendo adulta. 

Todo esto en la cruz de los pretenders. La cara presenta un mundo de humor y felicidad que sólo un capítulo de Los Serrano podría brindarnos. En primer lugar, la mayor satisfacción de este mundo no es ver una película española en la que no aparezca Raul Arévalo, sino salir una noche de fiesta sin beber y tener una especie de balcón visual privilegiado, en el que eres consciente de todo lo que ocurre a tu alrededor. A muchos les puede parecer estúpido o aburrido aguantar de madrugada sin consumir una gota. Sin embargo, si escogemos la mejor localidad, disfrutaremos más del espectáculo. Una noche de sobriedad es sinónimo de show, de ver a gente que aprecias en todo su esplendor, de gente que odias haciendo que la odies aún más, de bailes patéticos, de cortejos casi animales y de una degradación entre maravillosa y horripilante. Es ver una comedia de terror en directo. Cuando te mantienes sereno se te otorgan unos derechos exclusivos, desde contarlo todo y avergonzar a los artistas de la obra al día siguiente (especialmente de los pretenders) hasta reírte de todo el mundo sin que se entere, pasando por evitar la resaca y tener como único dolor un desencaje de mandíbula y el lacrimal seco de la risa y el llanto. Aún así, esta mayonesa también puede estar cortada y si la paciencia no es lo tuyo se te pueden hinchar las pelotas cual pez globo por culpa de algún pelma. Eso sí, en el cómputo global uno sale ganando. Es una experiencia irrepetible.


Dani Rovira al darse cuenta de lo malo que es
                            



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