La
plantilla más internacional y los problemas del primer mundo
Desde tiempos inmemoriales los medios de comunicación nos han informado del
eterno conflicto árabe-israelí que parece que nunca se va a resolver. Una
guerra continua que deja muertos prácticamente a diario y parece que nadie sabe
cómo resolver el problema. La prensa y la radio pudieron mostrar al mundo lo
que ocurría mucho antes de lo que lo hizo la televisión, pero es este medio el
que de verdad nos ha mostrado la cara más realista, amarga y directa de los
acontecimientos.
Palestina, Israel, árabes, judíos. Creo que ya ni ellos saben desde cuando
llevan matándose unos a otros. Porque, sinceramente y saliéndose un poco de lo
políticamente correcto, la situación es la misma que cuando Jesucristo se
paseaba por Nazaret. Es difícil levantar los dedos de una mano enumerando las
épocas en las que Tierra Santa no haya estado manchada de rojo. Y después de
esta pequeña reflexión llega lo verdaderamente curioso. Y el caso de Israel y
Palestina lo podemos extrapolar a países más cercanos como Irak o Siria, y otros
más lejanos, Argentina, Nigeria o Kenia. En definitiva, países en los que hay o
ha habido algún problema de guerra, social o conflicto en general. De este modo
podemos ampliar la cuenta a casi todos los países del mundo, así que es un
fenómeno mundial. En el 99'9 % de imágenes de televisión de una revuelta, un
atentado, una manifestación o cualquier situación que congregue a una cantidad
considerable de personas, aparece un tío con la camiseta del Barça.
Un atentado en Bagdag que ha dejado 34 muertos. Unos hombres trasladan a otro
herido y detrás de ellos el homólogo irakí de Eto'o. Unos niños soldado en
Sierra Leona con unas Kalashnikov más grandes que ellos y una camiseta de
Ronaldinho como seña de identidad. Una manifestación en Buenos Aires por la pobre
situación económica del país y en la primera fila agarrando una pancarta un
señor con la camiseta de Messi pero que no se parece ni en lo blanco del ojo al
jugador.
El Fútbol Club Barcelona es uno de los equipos más grandes de la historia del
deporte rey. Es el equipo de la mayoría de catalanes. Es el equipo de mucha gente
en España. Y es el equipo de millones de personas en todo el mundo que en
principio no tienen ninguna conexión lógica para ser seguidores. Algo muy común
en el mundo del fútbol es ser del Barca o un equipo muy conocido si 1) no
tienes ni puta idea de fútbol, 2) si sólo te gusta el fútbol cuando el
acontecimiento deportivo implica emborracharse o 3) cuando se pone de moda a
rachas (véase "algún jugador hace un buen Mundial y ya es Dios") y
tienes que apoyarles por cojones aunque estés pitando por dentro. Y es que
últimamente parece que te tiene que gustar sí o sí. Igual de respetables son
los futboleros que los que no entienden qué es un fuera de juego. Sin embargo,
la intolerancia digna de un subnormal que escucha música electrónica comercial
es más común en los seguidores del balompié. España es la principal exportadora
mundial de energúmenos cierrabares que tienen un balón en lugar de cerebro,
mono temáticos en las conversaciones, incoherentes en sus argumentos y
ostiables en todo caso.
| Messi buscando una lentilla y un euro en un contraataque rival |
Estas podrían ser las razones que expliquen la omnipresencia de elásticas
azulgranas en cualquier punto del mundo. El fútbol mueve a la gente sea para
bien o para mal y normalmente la gente que porta estas camisetas en las
imágenes televisivas son individuos que vienen en un país devastado, o niños
que no tienen nada y ven en un futbolista un sueño, una proyección futura
prácticamente imposible de ellos mismos, de lo que querrían ser. Porque en el
primer mundo los deportistas están dibujados como superhéroes cuando no lo son.
Son artistas físicos que nos entretienen, que nos hacen sufrir y disfrutar pero
que al fin y al cabo son unos profesionales como un panadero o un corredor de
seguros. Esa es la diferencia entre nuestra sociedad y la de los lugares que no
han podido o querido avanzar tanto como deberían o desearían. Parte de la culpa
la tienen los medios de comunicación, que por una parte informan de lo que pasa
en el mundo y por otra dedican media hora a Cristiano Ronaldo porque se le ha
roto la escobilla del vater y no puede limpiar la zurraspa.
Hay que preguntarse entonces en qué va a pensar un niño que acaba de perder a su
familia y que ve que a miles kilómetros de allí, un tío de 2'07 se queja porque
cobra 10 millones al año y quiere ganar 12. Hay que preguntarse cómo no va
llevar una camiseta de Messi si ve que el argentino tiene 3 mansiones y el
sirio miles de escombros. Los problemas del primer mundo.
La camiseta del Barça detrás del corresponsal acaba siendo cómica por su
reiteración. Sin embargo, ejemplifica algo más serio. Que un entretenimiento
tenga más minutos en la agenda de un medio que un conflicto bélico. Aunque no
es de extrañar cuando la gente se hace dilataciones en las orejas, lleva gafas
sin cristales, compone música con un ordenador, expone sus falsas miserias (que
no problemas) por televisión, se compra un iPad cuando está cobrando el paro,
dice que no pertenece a la casta política con un cartel de consejero de un
banco detrás de él, da "me gustas" en Facebook pensando que va a salvar a una
niña enferma, que tuitea chorradas pseudo comunistas-progresistas de pacotilla
desde su Mac en un Starbucks y en definitiva, que se engañan a sí mismos
engañando o intentando engañar a los demás. Porque esa gente es la que
realmente hace gracia, no el don de la ubicuidad de la equipaciones del
Barcelona. Ese don no hace sino aumentar aún más el bombo que se le da
habitualmente. Ese don que cualquier día es alabado por algún "periodista"
deportivo de este país en plan "mira, mira que hasta en Damasco les gusta
el Barça qué grandes".
Esa camiseta del Barça que cualquier día nos cuentan que es un plan maligno de
la directiva para ganar más fans en todo el universo. Que pagan a gente
necesitada para que se la pongan y den un par de saltos delante de la cámara en
una conexión con un informativo. Los super jefazos catalanes que van de
humildes y son la Mafia del fútbol. Si el día menos (o más) esperado apareciera
esta noticia en todas las cadenas nos lo creeríamos. Por el momento Messi
seguirá potando y ganando millones y los niños de Gaza vistiendo su camiseta
felices por no haber muerto hoy.
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